La delincuencia y sus diversas formas de actuar en época del Coronavirus

| Plumas Invitadas

Artículo por: Julio Colón

Médicos y científicos del mundo siguen sorprendiéndonos con nuevos descubrimientos acerca del alcance y profundidad del coronavirus en nuestro organismo, lo cual también ha hecho cambiar la percepción y prospección que se tenía en un principio al darse la voz de alerta a nivel mundial e identificarlo ya como una pandemia. Nos queda claro que mientras no se descubra o invente una vacuna eficaz, tendremos que acostumbrarnos a convivir con esa enfermedad y que tarde o temprano puede contagiarnos a la mayoría de seres humanos en el planeta, mientras tanto debemos mantener las precauciones paliativas como lo es el distanciamiento social (para mi apreciación debería llamarse distanciamiento físico), el lavado de manos a profundidad, el uso de mascarillas y proteger a los más vulnerables entre otras medidas recomendadas y todo ello orientado a la universalidad de la bioseguridad, a nuestro entorno social inmediato y al medio ambiente.

Como sabemos, las consecuencias de la pandemia del Coronavirus están creando cambios profundos en lo social y económico a nivel mundial, también influirán y darán forma al crimen organizado y a los mercados ilegales. Las respuestas institucionales en cada país a la pandemia y la consecuente remodelación de las normas socioeconómicas en todo el mundo afectarán la forma en que operan las estructuras criminales, así como la naturaleza de las respuestas del orden público.

En estas primeras etapas los variados impactos pueden ser difíciles de comprender por completo y las respuestas apropiadas difíciles también de evaluar. Sin embargo, lo que parece claro es que este fenómeno ha reducido algunas actividades delictivas organizadas, pero simultáneamente brinda oportunidades para otras nuevas, y estos cambios en la economía delictiva organizada podrían tener consecuencias a largo plazo.

Todo lo anterior ha generado lo que podríamos denominar como un mercantilismo pandémico motivado por la alta demanda de productos médicos, sanitarios, la incertidumbre y temor hacia la escasez de bienes, la recurrencia a soluciones online, traslado de la actividad, el ocio y el trabajo al hogar y al ciberespacio, ansiedad y angustia a ser contagiados, quedar desempleados entre otros miedos para la sociedad. Todo esto genera un caldo de cultivo para hacer nacer elementos criminógenos, es decir, que propician la criminalidad para generar oportunidades de negocios ilícitos con dichas necesidades, a través de que se nos ofrezcan falsas curas, productos falsificados (mascarillas, falsas vacunas, equipo de protección personal deficiente, productos para desinfección y esterilización falsos, etc.) vinculados a esta alta demanda a través de cualquier serie de artimañas de inimaginable creatividad.

La forma de operar de la delincuencia aprovechando la coyuntura actual en relación al Coronavirus, ha hecho que se reacomode según las circunstancias del entorno de sus potenciales víctimas, pero una de las más cómodas y probablemente menos arriesgadas para el delincuente es a través del internet – aunque siempre dejará rastros. Existen criminales que actúan solos o en grupo tal y como si fuésemos sus víctimas en el mundo tangible, solo que, en este caso, se acomodan y son expertos en el ciberespacio en el cual muchos somos neófitos y carecemos de conocimientos para protegernos de virtuales ataques cibernéticos (ciberdelincuencia) – incluso las pequeñas y medianas empresas – convirtiéndonos en el eslabón más débil y vulnerable en la ciberseguridad, o, para ser más puntual, nosotros los usuarios somos el eslabón más débil.

Las corporaciones tampoco quedan al margen de la ciberdelincuencia, ya que el secuestro de información de estas puede convertirse en “piedras preciosas de altos kilates” para efectos de estafas, fraudes, extorsión u otras formas para hacerlo redituable criminalmente.

La ingeniería social es una práctica más con la cual los delincuentes obtienen información confidencial a través del engaño, focalizados en esta crisis para cometer fraude, por ejemplo, utilizar correos o webs de ayuda, de consejos, e incluso, de remedios para combatir el virus.

Otro escenario que se está desarrollando como consecuencia del confinamiento es la violencia doméstica y familiar, teniendo como mayores víctimas a mujeres, niños y ancianos (violencia filio parental: hijos agreden a los padres) ya que deben permanecer encerrados con sus agresores; de esta manera se cumple la Teoría de la Tensión del autor Robert K. Merlon, quien afirma que, “la acumulación de la tensión en los agresores produce una descarga de la misma a través de la violencia” – dando lugar a la violencia intrafamiliar en confinamiento.

Los cambios en los patrones de movilidad también hacen que se readecúe la criminalidad en su forma de actuar, por ejemplo, ya se escucha en algunos países “el delito por tos”, consiste en que si alguna persona – sea delincuente o alguien que haya cometido alguna infracción – tose sobre sus potenciales víctimas, sobre los policías o sobre personal sanitario para lograr su cometido o evitar ser retenido. Como potenciales víctimas que somos, debemos tomar en consideración algunos aspectos para evitar crear las condiciones propicias ahora que surgen esos nuevos cambios en la movilidad en nuestra vida cotidiana (pero también en el ciberespacio) y, es que, deben coincidir varios factores: en el mismo espacio, en el mismo tiempo y tres actores: un delincuente motivado, una víctima propicia y ausencia de controles eficaces.

Debemos tomar en consideración, además, las pautas culturales diferenciadas que puedan existir local o regionalmente dentro de nuestro país, así como en otras regiones del mundo. El reacomodo de la delincuencia es un efecto económico colateral de la pandemia que sufrimos en el planeta y que tampoco está respetando fronteras geopolíticas, indistintamente sean países del primer mundo, en desarrollo o del tercer mundo.

Para terminar, debemos considerar imperativa la necesidad de buscar ayuda o asesoría de expertos principalmente en seguridad;ser cautos en visitar sitios online; ser cautelosos en nuestras actividades cotidianas tanto dentro como fuera de casa, con la información que nos llega a través de internet y del intercambio que hagamos de información; mantenernos informados de todo lo que acontece en nuestro entorno social y en el ciberespacio. La delincuencia es tan cambiante y dinámica en la misma proporción como nos están sorprendiendo los efectos de la pandemia y sus consecuencias económicas.

Julio Colón

Especialista en Administración de Seguridad Integral por la Bircham International University de Madrid, España.

jcolonasesor@gmail.com

3 Comentarios Deja un comentario

  1. Eduardo Noel Camey C. 4 junio, 2020 Suscriptor

    Buenas tardes, por favor me podría ampliar que es la “Economía delictiva organizada”. A proposito exelente articulo.

    • Julio Colón 8 julio, 2020 Suscriptor

      Estimado Eduardo gracias por su comentario. Por Economía Delictiva Organizada podemos interpretar a cualquier grupo o estructura de personas que se dedica a operaciones o transacciones ilegales. Son grupos anónimos y ocultos que operan todo tipo de transacciones de forma ilegal siempre y cuando tengan demanda, se encuentran bien organizados a lo interno vertical y horizontalmente, poseen jerarquías de mando. Se dedican por ejemplo: al narcotráfico, lavado de dinero, trasiego de objetos robados, trasiego ilegal de personas entre otros y generan fuertes movimientos de dinero local, regional o internacionalmente, provocando un impacto negativo y distorsión en la sociedad y economía de los países.

  2. Eduardo Noel Camey C. 4 junio, 2020 Suscriptor

    Buenas tardes, me podría por favor ampliar el término “Economía Delictiva organizada”. Muy actualizado el articulo.

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