Un tercer virus mutante llamado delincuencia

| Plumas Invitadas

Artículo por: Julio Colón

Con mis 30 años como especialista en seguridad, también entiendo que debo adaptarme al cambio disruptivo y redireccionar mi análisis del comportamiento criminal o delincuencial porque este también está cambiando en su forma de operar conforme las circunstancias actuales y futuras.

Digo tercer virus, porque médicos, científicos, economistas y políticos entre otros conocedores a nivel mundial han emitido opiniones acerca del primer virus como una pandemia que daña la salud de los habitantes del planeta y, como consecuencia, un segundo virus de carácter económico que ha debilitado las economías locales, regionales y continentales. Es muy prematuro y complicado hacer proyecciones acertadas para el mediano y largo plazo dada la volatilidad en el comportamiento actual del coronavirus, puesto que, médicos y científicos aún están descubriendo otros alcances del comportamiento patológico de esta enfermedad en el organismo humano que, por ende, está generando efectos colaterales en las economías y comportamiento en nuestra condición individual y gregaria.

Nuestros hábitos de vida están cambiando en forma brusca y acelerada, el coronavirus ha sido el principal factor catalizador que ha motivado esos cambios, si bien es cierto, la sociedad global los estaba experimentando a paso menos acelerado – esta pandemia nos generó un cambio de más de 180 grados, “sin avisarnos y sin preguntarnos si estábamos de acuerdo o preparados para ello”.

Ese tercer virus, como he titulado a la delincuencia para este artículo, también está cambiando en su forma de operar como consecuencia inherente a las dos anteriores, con la misma o peor perversidad. La motivación puede seguir siendo la misma como en el pretérito mediato e inmediato – solo está buscando o creando la oportunidad para acechar. Su campo de acción posiblemente se reduzca en algunos ámbitos de la sociedad y se incremente en otros ya que la cuarentena y distanciamiento social – por el momento – nos ha expuesto menos como víctimas fuera de nuestros hogares ante el asedio delincuencial en forma física (asaltos a mano armada, secuestros, extorsión, violaciones, homicidios en la vía pública, en los comercios, en oficinas, etc.). Aclaro, que no se ha eliminado, sino que se ha reducido esa exposición a través de la cual el delincuente o criminal ha buscado agenciarse de dinero en efectivo en forma rápida y menos riesgosa para él, pero está en su fase de reacomodo.

Al estar confinados en nuestros hogares con nuestros seres queridos como parte del proceso de cuarentena y del distanciamiento social, tenemos la percepción de estar más seguros; sin embargo,  realmente siempre estamos expuestos a la delincuencia, no obstante, nos sintamos relativamente seguros; en este caso, el delincuente genera una migración  buscando variados mecanismos  para incursionar en mayor proporción   en nuestros hogares y hacerse ilícitamente  de nuestro patrimonio con cierto nivel de violencia – ya que no es lo mismo penetrar en una casa no habiendo habitantes en ella a que si los haya – motivo por el cual, en este último escenario, el delincuente, además, de actuar colectivamente (más de uno) en forma recurrente,  utilizará el factor violencia a su favor para subordinarnos  o doblegarnos psicológicamente  como sus potenciales víctimas y así lograr sus pretensiones, en consecuencia, nuestra presencia en el hogar nos hace  igual o más vulnerables.

Reitero, en la calle el delincuente va tras nuestro dinero (el efectivo, tarjeta de crédito y de otras formas de pago, mercancías de rápida transacción a dinero en efectivo, etc.) mientras que al incursionar en el hogar va también tras el dinero, pero, además, se agencia de otros bienes que integran nuestro   patrimonio (joyas, electrodomésticos, equipo electrónico, vehículos, documentos de identificación, pasaportes, etc.). Agreguemos como otro factor de riesgo para la víctima y motivación para el delincuente el que muchas personas deben llevar su equipo de trabajo al hogar, incluso, improvisar en su vivienda, bodegas para el resguardo de productos y artículos, amén de verse obligados a hacer transacciones comerciales y económicas en esas condiciones, en consecuencia, aumenta la motivación del delincuente, puesto que su botín se vuelve más atractivo económicamente.

Quienes hacemos análisis de riesgos – en este caso de tipo delincuencial – debemos planificar considerando diversas premisas, una de ellas es prever el peor escenario para valorar mecanismos de prevención y protección extremas, pero esperando que suceda lo contrario. Otra premisa es que ante un asalto (dentro de nuestra casa o fuera de ella) nos exponemos a perder dos cosas: el dinero y la vida. Además, debemos entender que no existe instalación ni actividad humana cien por ciento segura y que vivimos en permanente riesgo ante diversas amenazas o peligros prácticamente desde que nacemos. Todos estos argumentos sin el ánimo de ser fatalistas ni generar más pánico del necesario. Haciendo alusión, además, a la afirmación que “en la confianza está el peligro”.

El estar confinados en nuestros hogares nos ha obligado a depender e interactuar necesariamente en internet a través de computadores y dispositivos móviles, aumentando exponencialmente nuestras relaciones sociales, familiares, de negocios, académicas, recreativas, etc. a través de esos medios electrónicos, es decir, a través del ciberespacio, por lo tanto, también debemos reconocer nuestra exposición o vulnerabilidad al ciberataque o a la ciberdelincuencia. Las transacciones de información personal, comercial y económicas se han incrementado y la tendencia es a que continúe su aumento en forma sostenida. Ese cumulo de información nuestra que transita en el ciberespacio también nos expone y nos hace vulnerables a los ciberdelincuentes, ya que se valen de métodos como el phishing (obtener contraseñas o números de tarjetas de crédito imitando correos electrónicos de empresas o entidades oficiales), el monitoreo de teclado, el cyberbulling (acoso escolar) o el grooming (ciberacoso sexual a menores) para lograr su objetivo intrusivo entre otras modalidades cada vez más complejas y creativas.

Para cerrar este capítulo y no quiero desanimar a ningún lector, debo decir que en materia de seguridad no hay nada escrito en piedra, no existe un “recetario de cocina que nos guíe paso a paso para obtener un rico pastel”, es decir, no existe un método o conjunto de procedimientos que asegure o garantice que no seremos víctimas de ninguna acción delincuencial en sus múltiples formas; pero si podemos afirmar de manera pragmática que nuestra seguridad, la de nuestra familia y de nuestro patrimonio    la iremos fortaleciendo mientras más obstáculos interpongamos entre nosotros y la delincuencia, de tal manera que la reduzcamos, la evitemos, la desviemos o la retardemos entre otros efectos según nuestras particulares circunstancias. La pandemia que nos acosa marca un antes y un después en materia de seguridad.

Julio Colón

Especialista en Administración de Seguridad Integral por la Bircham International University de Madrid, España.

¿Nos Dejas tu comentario?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.